Federico Bianchini presentó “Personajes Secundarios”

El periodista llegó a Tucumán con nuevas historias bajo el brazo. Taller, crónicas y perfiles de tinta joven.

La semana pasada, el periodista y escritor brindó un taller de periodismo narrativo que se llevó a cabo en la Asociación de Prensa de Tucumán durante los días 25, 26 y 27 de octubre. Bianchini interactuó con estudiantes y profesionales de la comunicación que acudieron a este encuentro denominado “Crónicas, perfiles y personajes”.

Luego de tres días de debate, intercambio y construcción literaria entre los asistentes y el autor; Bianchini presentó su libro. Fue el sábado por la noche, en Librería Libro de Oro (Corrientes al 532). La apertura del evento estuvo a cargo del músico local Eric Aguirre, quien captó la atención de los presentes interpretando temas propios que integrarán su disco “Eternidad”.

Más tarde, Blas Rivadeneira y Verónica Juliano fueron los encargados de presentar y dialogar con el autor de “Personajes  Secundarios”, que hasta se prestó a leer uno de los cuentos que integran esta obra, la primera de ficción en su haber.

Rock & Pop Tucumán quiso saber más de este escritor que maneja una pluma precisa, afilada, entre otros, por Castillo, elogiada por Caparrós y requerida por Guerriero.

Viniste en otra ocasión a Tucumán.

Vine hace dos años a dar un taller interno de Periodismo Narrativo para la gente del Diario “La Gaceta”, entonces ya venía con gente conocida y amigos. Después yo para hacer el libro de “Cuerpos al límite”, me metí en un mundo de deportistas extremos, y aquí en Tucumán hay mucha gente que compite, entonces había ciertas personas que ya conocía de ese mundo.

¿Qué te resulta más difícil a la hora de escribir?

Pienso la ficción de una manera distinta a la no ficción o a la crónica. Cuando uno escribe crónica hay con el lector un pacto de verdad. Uno lee un texto y sabe que eso sucedió, entonces hay una búsqueda diferente. Cuando uno escribe un cuento tiene que crear de alguna manera un mundo en el que se arme un verosímil. Si bien dentro de un cuento puede pasar cualquier cosa,  esto se va a dar en un mundo determinado, entonces para que eso suceda hay que construir ese mundo. Me parece muy interesante las dos búsquedas, no pongo un género en detrimento del otro, para mí son juegos distintos con reglas diferentes.

En tu libro “Cuerpos al límite” hablas de como engañar a la mente para abordar lo imposible, ¿te toco engañarla?

Aprendí mucho de todos los entrevistados que fui conociendo tanto en “Cuerpos al límite” como en “Desafiar al cuerpo”, y me sirvió sobre todo para establecer cierta disciplina si se quiere a la hora de escribir. Yo veía esas personas que decían “me levanto, no me importa si llueve, si nieva, si hace 40 grados de calor, yo salgo a entrenar a la mañana a la tarde y corro tres o cuatro horas” y yo me preguntaba por qué lo hacen y entendí que son procesos por los que uno tiene que pasar.

Me pasó con el libro de la Antártida: yo volví en marzo (a Buenos Aires), y en mayo me dijeron de cubrir el mundial de futbol. Cuando volví de Brasil, las grabaciones de la Antártida habían quedado muy atrás, tenía que desgrabar cuarenta y ocho horas de entrevista y la verdad me parecía aburridísimo saber que lo tenía que hacer, aunque en el momento que desgrababa me entretenía.

Así que me propuse hacerlo y me despertaba a las siete de la mañana, me iba a un bar dos o tres horas, y después me iba a mi otro laburo que en ese momento era (Revista) Anfibia.

Veo que lo deportivo y la exigencia física como que atraviesa un poco tu vida, ¿hacés deporte?

Lo que pasa es que si te comparas con esta gente (del libro “Cuerpos al límite”), y decís no, no hago nada (risas), pero si me gusta jugar al futbol, hacer boxeo, nadar, correr, lo hago muy limitadamente.

Recién me comentabas de tu libro de la Antártida, ¿cómo te preparaste para esa experiencia?

En realidad no pude prepararme. Yo tenía la idea de ir diez días solo. Llegué un viernes y el sábado me dijeron que me iba el lunes y dije que era muy poco tiempo. Me dijeron que no, que me tenía que ir el lunes, y yo dije “no, quiero quedarme”. Me dijeron: “entonces te tenes que quedar dos meses”, y yo dije “bueno, me vuelvo el lunes” (risas). Ese lunes el vuelo se pospuso hasta el jueves y el jueves se pospuso al sábado y ese sábado se pospuso de vuelta y así fue que me quedé veinticinco días. Entonces como que no tuve mucha posibilidad de planear que podía pasar un mes en la Antártida, y eso también generó incertidumbre, angustias, conflictos, esto de que no sabía cuándo me iba a ir de ese lugar porque no nos podíamos ir, nadie podía entrar, era como un lugar que se generaba algo muy particular a nivel de aislación. Y lo que después descubrí, entrevistando mucha gente, es que mientras estás ahí aislado y todo va bien, no pasa nada, es como acá. Ahora, en el momento en que sucede algo, que alguien le da un ACV, que alguien se descompone, o algo grave que suceda (que de hecho ocurrió), lo único que esperas es que el tiempo mejore para que venga un helicóptero a rescatarlo.

 ¿Fuiste a ese lugar con la idea de que luego la experiencia tome el formato de libro?

Fui con la idea de hacer una nota breve sobre que hacían los científicos en la Antártida, una nota de ciencia en ese lugar. Y después cuando pasó esto yo me preguntaba que iba a hacer, porque es aburrido estar ahí sin nada que hacer y es hasta desesperante. Entonces entrevistaba otros tres, otras cinco personas y así es como fui juntando estas cuarenta y ocho horas. Cuando volví me fui a Brasil a cubrir el mundial y al regreso, Leila Guerriero me convocó para escribir un libro para la serie “Mirada Crónica” de Tusquets. Al principio me propuso otro tema y yo le dije “Tengo el de la Antártida, ¿por qué no hacemos eso? Coincidimos en que estaba bueno el tema y entonces me puse a desgrabar. Fue en ese momento que gané la Beca Michael Jacobs por ese proyecto, entonces ya fue con un empujón de “bueno, lo tengo que hacer”, tengo firmado un contrato con la editorial, tengo una fundación que me paga, y ahí fue que me puse a trabajar en el libro.

 Me hablabas de tu rutina, ¿te impusieron algún límite al escribir una crónica en un medio?

Lo que tiene la crónica, que puede ser una ventaja o una desventaja, es que por lo general uno colabora en los medios como freelance, como que casi no hay sitios de crónica pura. Y en el que había, que era Anfibia, yo era editor y no escribía mucho ahí. Por lo general cuando uno hace una crónica es muy difícil que se dé en formato crónica una noticia. Entonces vos podes en un medio dar una noticia y después mandas a alguien a que haga la crónica de eso. Pero no me ha ocurrido que me condicionaran para escribir un texto, y no sé si lo toleraría en el sentido de que lo escriba otro, sobretodo porque escribir una crónica implica mucho esfuerzo, mucho tiempo.

Si uno se pone a pensar, nunca, salvo en New Yorker que es un lugar así como muy lejano, se paga bien una crónica. Una crónica en New Yorker puede pagarse entre veinte mil y treinta mil dólares, crónica que demora tres o cuatro meses en hacerse. Entonces si al escribir una crónica sé que va a haber limitaciones, prefiero no escribirla.

Mencionabas algunos premios que recibiste, ¿cómo te llevas con esto?

Es muy importante para los otros sobre todo, para la mirada que los otros tienen sobre el trabajo propio. Más allá de que siempre está bueno recibir un reconocimiento, además de que algunos premios que gané estaban agregados de bastante plata (ríe) y dado que en la crónica, los medios suelen pagar muy mal; eso ayuda.

Habiendo sido jurado de varios premios, es importante para los otros porque cuando uno decide que texto gana un premio, tiene mucho que ver con cosas que tienen que ver con ese texto y con otras que no son decididamente esas. Por ejemplo en un concurso entre el primer premio y el tercero quizás no hay ninguna diferencia, pero hay que elegir uno y entonces te pones a hablar con otras personas. Es como muy arbitrario también.

Caparrós te elogió diciendo que sos una de las mejores plumas jóvenes, ¿cómo te llega eso?

La verdad que le agradezco. Lo entrevisté una vez para El Zonal de Clarín, en su casa que en ese momento era en Vicente López. Luego me lo cruce un par de veces en la Feria del Libro en México, y la verdad que sí, que un escritor diga eso, alguien como él que tiene libros que marcaron la historia de la crónica, la verdad que está bueno.

¿Qué autores son imprescindibles para adentrarse en la crónica y el perfil?

Mira hay algo que me pasó a mi cuando escribí la primera crónica, si se quiere, que fue la de Fogwill y que después ganó el “Nuevas Plumas”. Yo en ese momento no tenía mucha idea de lo que era un perfil. Yo escribí un texto a partir de lo que me había pasado en la pileta, entreviste este personaje y luego me dijeron que había ganado un premio de crónica, entonces es como que desconfío un poco de esto de las categorías y las etiquetas y lo que digo siempre es que cuanto más se pueda leer, es mejor. Siendo un género que se nutre de la literatura, de la ficción, de la obra de teatro, de la poesía; está bueno no solamente leer cronistas, sino irse por las ramas y leer novelistas, poetas, etc.

¿Cuáles son los próximos proyectos?

Ahora estoy limitando los viajes porque tengo una niña pequeña (se le iluminan los ojos) y solo tengo ganas de estar ahí con ella. En estos momentos estoy haciendo una crónica que se publicará ahora en Vice Estados Unidos y una versión más extensa en Vice México, que es sobre la “Radio La Colifata”. Esta radio funciona en el neuropsiquiátrico “José Borda” en Buenos Aires y fue la primera radio que hace veintisiete años empezó a transmitir desde un hospital. En esta radio estuvo Manu Chao, Francis Ford Coppola filmó un fragmento de su película “Tetro” ahí también y se replicó en todo el mundo. Hay uno en Italia, de hecho el psicólogo que fundó la radio y se llama Alfredo Olivera, está viviendo en Francia y está contratado por el gobierno francés para que replique y haga una radio de un neuropsiquiátrico francés allá en París. Es muy interesante sobre todo por el rompimiento de las barreras y los prejuicios que hay con los locos.

 

 

Créditos: Alejandra López y Patricia Aguirre.